"La piedad por los animales tiene el mismo principio que la piedad por los hombres. La una y la otra nacen de ese dolor irreflexivo y casi orgánico producido en nosotros por la vista o por el recuerdo de los sufrimientos de otro ser sensible. Si se habitúa a un niño a ver sufrir a los animales con indiferencia o incluso con placer, se debilita, se destruye en él, incluso en relación con los hombres, el germen de la sensibilidad natural, primer principio activo de toda moralidad así como de toda virtud, y sin el cual sólo es ya un cálculo de interés, una fría combinación de la razón" Condorcet, 1792
"La piedad por los animales tiene el mismo principio que la piedad por los hombres. La una y la otra nacen de ese dolor irreflexivo y casi orgánico producido en nosotros por la vista o por el recuerdo de los sufrimientos de otro ser sensible. Si se habitúa a un niño a ver sufrir a los animales con indiferencia o incluso con placer, se debilita, se destruye en él, incluso en relación con los hombres, el germen de la sensibilidad natural, primer principio activo de toda moralidad así como de toda virtud, y sin el cual sólo es ya un cálculo de interés, una fría combinación de la razón" Condorcet, 1792
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