Antena 3 define con las siguientes palabras el programa: "CURSO DEL 63" es un docu-reality en el que un grupo de jóvenes de hoy conviven bajo los valores culturales y normas educacionales propias de los años 60.” Los aspectos que lo definen como reality saltan a la vista, con solo un vistazo a la página web o con tan solo tres minutos de visionado se da uno cuenta del gran trabajo que realizó el equipo de casting. Ahora bien, los aspectos que lo definen como documental casi brillan por su ausencia. La cadena se cura en salud y explica: "Curso del 63" no pretende ser un retrato exacto de los institutos de comienzos de los sesenta. Hay aspectos políticos, sociológicos y disciplinarios que se han soslayado deliberadamente. De nada les sirve. Considerando que las escuelas de la época franquistas estaban formadas en base a la religión cristiana y la formación del espíritu nacional, el objetivo de las cuales era el control y la sumisión de las consciencias y de todas las otras asignaturas, ¿qué queda de característico si se eliminan de forma consciente los aspectos políticos, sociológicos y disciplinarios? Primera contradicción. Política, religión y disciplina son la base de las normas educacionales propias de los años 60, por lo tanto la definición es incorrecta. Y para los que tachen esta idea como un juego de palabras, que vean el programa: hay calefacción, hacen gimnasia, los profesores permiten que los alumnos contesten (y ¡vaya vocabulario!), los profesores median conflictos entre los alumnos, dejan al alumno explicarse… y ¡los chicos cosiendo!, pero ¿qué barbaridad es esa? si una de las asignaturas esenciales en las escuelas era, precisamente, “formación de las niñas”. En fin, que la educación de entonces no queda, en ningún momento reflejada. Sin embargo hay un aspecto que parece que resalta más sobre el resto: la autoridad. Pero ni eso: los castigos son ridículos y las amenazas no se cumplen. Por lo tanto, deberían retirar el adjetivo documental ya que en ningún momento la educación que antes era instrucción o formación (que poco podemos observar en el programa) es bancaria, ni el educador tiene la última palabra y el mando absoluto, ni el educando se muestra respetuoso y sumiso, que era lo que antes pasaba. Ahora, eso sí, el adjetivo de reality le es innegable y, además, muy merecido.
Como reality el programa está bastante bien ambientado: un patio gris y triste, colores apagados, recreación del mobiliario de la época, vestimenta acorde al estilo de entonces… Faltan, eso sí, las cruces y el generalísimo; sobran, por contra, los aparatos de calefacción y la gripe A. El montaje está muy bien adecuado al tipo reality: confesiones a lo gran hermano al finalizar el día, especial atención a los conflictos sentimentales entre los personajes (entre un total de 91 minutos, menos de 10 están dedicados a conceptos educativos), etc. Los guionistas poseen unas ideas muy ricas para darle vida al programa: “que tienen que diseccionar una rana y les da asco, pues ¡para comer ancas!” Los personajes, por su parte, poseen una idiosincrasia perfecta: vocabulario y conocimientos limitados, actitudes y comportamientos infantiles, pataletas y lloros, caras bonitas y cuerpos esbeltos. Si tuviera que destacar a alguno, optaría por Ana Julia (la que siempre llora) porque, como me resulta increíble que una persona mayor de edad pueda montar tremendas pataletas, aplaudo su actuación que le da al instituto su gran toque infantil. En resumidas cuentas, entre ambientación, montaje, guión y unos personajes realmente insolentes a los que se les obliga a algo, en este caso a obedecer (hasta un cierto punto) el éxito, en temas de Telerealidad, está asegurado como bien demuestran las estadísticas: “logró superar los 4 millones de espectadores (4.019.000) y el 21,8% de cuota de pantalla, lo que le convirtió, además en la emisión más vista del día y de lo que llevamos de mes.” Y como los protagonistas son adolescentes (mayores de edad) que se hacen pasar por niños y niñas de instituto, guapos y rebeldes, pues el perfil de audiencia se identifica con el de programas de instituto, un programa para jóvenes y un poquito más mayores. Los que seguro no se identificaran con él e, incluso, pueden llegar a sentirse ofendidos frente tal engaño, es el público mayor que ha sufrido en sus carnes la educación franquista.
En resumen, como documental es nefasto (para mí incluso insultante), como reality (desde mi mirada inexperta) bastante bueno. Y haciendo esta clara distinción no hay debate alguno. La problemática nace cuando la cadena afirma que el objetivo del programa es “abrir un debate sobre el actual sistema educativo y la actitud que muestra la juventud en todos los ámbitos de la vida”. Esto sí que es insultante. ¿Qué tendrá que ver el curso del 63, la educación franquista, con la de ahora? Y en el caso que se quisiera hacer un estudio comparativo ¿dónde queda representado el sistema educativo actual? ¿en los jóvenes seleccionados estratégicamente? Cuando en lugar de realizar un estudio sociológico que determine que esa es la actitud que predomina en los jóvenes, se recuperan personas que se presentaron al casting de Gran Hermano y se quedaron fuera, la muestra queda totalmente invalidada. Y que se pongan a esos personajes en representación de los jóvenes con el objetivo de abrir un debate educativo, es casi denunciable. La polémica, eso sí, está asegurada, y como ésta está directamente relacionada con la audiencia, pues parece hasta legítimo. Repito, parece.
Como reality el programa está bastante bien ambientado: un patio gris y triste, colores apagados, recreación del mobiliario de la época, vestimenta acorde al estilo de entonces… Faltan, eso sí, las cruces y el generalísimo; sobran, por contra, los aparatos de calefacción y la gripe A. El montaje está muy bien adecuado al tipo reality: confesiones a lo gran hermano al finalizar el día, especial atención a los conflictos sentimentales entre los personajes (entre un total de 91 minutos, menos de 10 están dedicados a conceptos educativos), etc. Los guionistas poseen unas ideas muy ricas para darle vida al programa: “que tienen que diseccionar una rana y les da asco, pues ¡para comer ancas!” Los personajes, por su parte, poseen una idiosincrasia perfecta: vocabulario y conocimientos limitados, actitudes y comportamientos infantiles, pataletas y lloros, caras bonitas y cuerpos esbeltos. Si tuviera que destacar a alguno, optaría por Ana Julia (la que siempre llora) porque, como me resulta increíble que una persona mayor de edad pueda montar tremendas pataletas, aplaudo su actuación que le da al instituto su gran toque infantil. En resumidas cuentas, entre ambientación, montaje, guión y unos personajes realmente insolentes a los que se les obliga a algo, en este caso a obedecer (hasta un cierto punto) el éxito, en temas de Telerealidad, está asegurado como bien demuestran las estadísticas: “logró superar los 4 millones de espectadores (4.019.000) y el 21,8% de cuota de pantalla, lo que le convirtió, además en la emisión más vista del día y de lo que llevamos de mes.” Y como los protagonistas son adolescentes (mayores de edad) que se hacen pasar por niños y niñas de instituto, guapos y rebeldes, pues el perfil de audiencia se identifica con el de programas de instituto, un programa para jóvenes y un poquito más mayores. Los que seguro no se identificaran con él e, incluso, pueden llegar a sentirse ofendidos frente tal engaño, es el público mayor que ha sufrido en sus carnes la educación franquista.
En resumen, como documental es nefasto (para mí incluso insultante), como reality (desde mi mirada inexperta) bastante bueno. Y haciendo esta clara distinción no hay debate alguno. La problemática nace cuando la cadena afirma que el objetivo del programa es “abrir un debate sobre el actual sistema educativo y la actitud que muestra la juventud en todos los ámbitos de la vida”. Esto sí que es insultante. ¿Qué tendrá que ver el curso del 63, la educación franquista, con la de ahora? Y en el caso que se quisiera hacer un estudio comparativo ¿dónde queda representado el sistema educativo actual? ¿en los jóvenes seleccionados estratégicamente? Cuando en lugar de realizar un estudio sociológico que determine que esa es la actitud que predomina en los jóvenes, se recuperan personas que se presentaron al casting de Gran Hermano y se quedaron fuera, la muestra queda totalmente invalidada. Y que se pongan a esos personajes en representación de los jóvenes con el objetivo de abrir un debate educativo, es casi denunciable. La polémica, eso sí, está asegurada, y como ésta está directamente relacionada con la audiencia, pues parece hasta legítimo. Repito, parece.
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